El sueño de un empresario

La semana pasada colgué, como homenaje a todos los pequeños empresarios, a los emprendedores, a la gente con iniciativa, el alegato judicial de Roak en El Manantial. Quizás para algunos esa pelí­cula les queda lejos: blanco y negro, una forma de interpretar y un discurso quizás excesivamente teatral, etc. Por ello creo que, como alternativa para unos, y como segundo plato para otros, voy a hablar de una segunda pelí­cula.

Me refiero a Tucker: Un hombre y su sueño, de Coppola. Una pelí­cula sobre un personaje real, Preston Tucker, un visionario que, tras la II GM, intento lanzar una nueva marca de coches, siendo su icono inicial el Tucker 1948. Un hombre que se adelanto a su tiempo en numerosos aspectos: obsesión por la seguridad, avances tecnológicos, y un programa de personalización como a los que hoy estamos acostumbrados. Fue mucho más de lo que la sociedad podí­a imaginar y de lo que la competencia podí­a soportar. Bajo acusaciones de fraude fue llevado a juicio, y aunque gano, su proyecto se hundió debiendo emigrar a Brasil, donde intento rehacerlo.

La obra no deja de ser un auto-homenaje del propio Coppola, que tras éxitos como El Padrino y El Padrino II, o Apocalypse Now, monto su propio Estudio Cinematográfico. Su gran proyecto, Corazonada, un auténtico fracaso, acabó con el. Es difí­cil no ver las analogí­as Coppola-Tucker, aunque el director pudo rehacerse mucho mejor que el empresario.

Hay un momento muy sugerente en la pelí­cula. En el, Bridges, al igual que en la anterior Cooper, lanza un alegato ante el Tribunal que le juzga. No he conseguido encontrar el video en Youtube, pero si un enlace a la secuencia completa. La traducción que os cuelgo es larga, pero creo que vale la pena. Y , si podéis, echadle un vistazo a la pelí­cula. Es dura, pero también la vida, y en el fondo late una pasión por la creación que debe anidar en el corazón de todo emprendedor.

Tucker: La Fiscalí­a me acusa de que nunca tuve intención de fabricar automóviles, que todo lo que querí­a era coger el dinero y correr. Si ustedes decide que tienen razón, bien, soy culpable. Pero según la Ley, si traté de hacer los automóviles, incluso si no eran buenos, incluso si no hice ninguno….entonces, si ustedes cree que traté de hacerlos,bien, entonces no soy culpable.
No es ilegal ser estúpido,y yo lo fui desarrollando ese prototipo. Pero nadie les ha dicho que después del prototipo fabriqué el automóvil que habí­a planeado. ¡Hay 50 de ellos estacionados sobre Adam Street!. Todo que ustedes tiene que hacer es verlos, y el juicio está acabado.
¿Le parece bien, Su señorí­a?

Fiscal: Protesto.Pruebas inadmisibles.

Juez: Aprobada.

Tucker: Por favor, admita que el Jurado mire por la ventana.

Fiscal: Protesto.

Tucker: Ustedes pueden verlos desde aquí­. Todo ésto gira sobre si intenté fabricar los automóviles.

Juez: Que el acusado se abstenga de este….¡Sr. Tucker! Oficiales,arresten al acusado.

Tucker ¿Qué? ¿Por qué?

Miembro del Jurado: ¡Deje hablar al hombre! ¡Escuchemos el resto!

Juez: Si este comportamiento continúa, declararé el juicio nulo.¡No toleraré ninguna salida de tono más de ninguna clase ni de nadie en esta Sala!

Tucker: Lo siento.

Juez: Tiene un minuto, Sr. Tucker.

Tucker: Gracias, su señorí­a.

Tucker: Cuando era niño solí­a leer todo sobre Edison y los hermanos Wright, Sr. Ford….eran mis héroes. De pobres a ricos no es sólo el nombre de un tipo de libro. De eso va este paí­s. Inventamos el sistema de libre empresa, dónde cualquiera,no importa quién sea,de dónde vino,ni a que clase pertenecí­a qué clase pertenecí­a, si se acerca con una idea que mejora algo, carece de limites a dónde llegar.
Crecí­ una generación tarde, supongo,porque ahora el sistema funciona de una manera diferente: el soñador que se acerca con alguna locura de la que todos se rí­en, pero que más tarde revolucionará el mundo, es aplastado desde arriba incluso antes de que pueda sacar la cabeza del agua. Los burócratas prefieren matar una buena idea antes de que su chalupa se agite.Si Benjamí­n Franklin viviese hoy serí­a encarcelado por lanzar una cometa sin una licencia.Es cierto.
Estamos henchidos de orgullo al inventar la bomba átomica.La arrojamos, cegando a los japoneses, a los nazis. Pero si las grandes empresas cierran la puerta al hombrecillo con una nueva idea, estamos cerrando la puerta al progreso y saboteando todo por lo que luchamos, todo lo que éste paí­s significa. Y un dí­a nos encontraremos entre los últimos de los mediocres en vez de ser los número uno, sin ninguna idea de cómo llegamos allí­, comprando radios y automóviles de nuestros ex enemigos.
No creo que vaya a suceder. No lo puedo creer porque, si dejo de creer en el sentido común del pueblo norteamericano, serí­a incapaz de levantarme por las mañanas.
Gracias.

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