Durante unas semanas, la Unión Europea (UE) ha estado reuniéndose con varios líderes europeos para elaborar un plan de rescate europeo conjunto, y sigue reuniéndose y reuniéndose.
Como casi siempre cuando hay un plan europeo y especialmente uno con el liderazgo francés, los planes de gastar y gastar suelen ser magníficas en su tamaño, aunque pocas veces en su efectividad.
Lo que sorprende es que el primer ministro británico esté metido en medio de estos planes bien keynesianos, tendiendo a soviéticos, donde el Estado toma el papel omnipotente de inversor último, y de decisor último sobre qué y cómo hacer.
Como ya he argumentado en estas páginas, es importante fijar las culpas correctamente antes de introducir soluciones aparentemente simples pero que no son ni simples ni soluciones.